¡Hola, queridos lectores! Soy Violeta, apasionada de las flores y hoy os traigo un tema que seguro os sorprenderá tanto como a mí cuando comencé a experimentar con él. Se trata de la lavanda en la cocina, este aromático placer no solamente embellece nuestros jardines, ¡también puede deleitar nuestros paladares! ¿Qué te parece si te sumerges conmigo en este perfumado viaje culinario?
¿Por qué lavanda en la cocina?
Antes de que pongas esa cara de asombro, déjame contarte que la lavanda es completamente comestible y además tiene propiedades que benefician la digestión. A muchos les puede parecer extraño incluirla en platos, pero resulta que aporta un toque floral y fresco que puede transformar recetas más sencillas en experiencias gourmet. Con el debido cuidado en su cantidad, evitarás que tu plato sea una explosión de perfume y más bien un susurro provenzal.
Selección y preparación de la lavanda
Lo primero es asegurarte de qué tipo de lavanda vas a utilizar. Siempre busca lavanda culinaria (Lavandula angustifolia suele ser la indicada) para evitar sabores y químicos no deseados en tu comida. Puedes cultivarla en tu hogar o comprarla ya secada en tiendas especializadas. Eso sí, lávala bien y deja que se seque antes de su uso. Para liberar sus aceites, te recomiendo que la machaques ligeramente con un mortero, el impacto en tu paladar es totalmente distinto.
Ideas para incorporar lavanda en tus platos
Si te estás preguntando cómo empezar a incluir lavanda en tu cocina, aquí tienes unas cuantas ideas. Imagina un sorbete de limón con un toque de lavanda, una ensalada con un aderezo a base de aceite de oliva y lavanda, o ¿qué tal unas galletas con lavanda y miel acompañando tu té de la tarde? Atrévete a espolvorear lavanda sobre el chocolate fundido antes de enfriarlo… ¡sublime! Y si eres de paladares audaces, prueba incluirla en un rosti de patata.
Receta estrella: Pollo a la lavanda
La receta que nunca falla y siempre sorprende en las cenas con amigos es mi pollo a la lavanda. Marinarlo con un poco de lavanda triturada, tomillo, limón, ajo y aceite de oliva durante unas horas le confiere un sabor delicado pero memorable. Al asarlo, toda la cocina se llena de un aroma que hace agua la boca. Eso sí, no te pases con la lavanda o transformarás el asado en un jardín, ¡y no de los comestibles!
La hora dulce: Postres con lavanda
Y para los más golosos, la lavanda es vuestra aliada en la pastelería. Unas magdalenas con lavanda y semillas de amapola son la perdición de mis sobrinos. O el clásico crème brûlée con un sutil toque lavanda, que hace que cada cucharada sea un paseo por la campiña francesa. Por cierto, ¿sabíais que la lavanda puede calmar ese ansia de dulce que nos entra por la noche? ¡Además de sabrosa es saludable!
Tu turno en la cocina
Ahora que has descubierto que la lavanda no es solo para decorar y perfumar, me gustaría saber cómo te fue si decides aventurarte con estas ideas. ¿Se te ocurre algún plato donde la lavanda podría ser la estrella? ¡Anímate y comparte tu creatividad! Y si tienes alguna duda, no te cortes, deja tu comentario y charlamos sobre este ingrediente que tanto nos puede ofrecer.
¡Espero tus comentarios, aventureros de los sabores! Y recuerda, cualquier duda que tengas, aquí me tendrás para ayudarte a desentrañar los misterios de la lavanda en la cocina. ¡Hasta la próxima!









Deja una respuesta